Si algo he descubierto viviendo en esta esquina del Atlántico, es que las Rías Baixas no se conocen de verdad hasta que se caminan. No basta con verlas desde la ventanilla de un coche o desde la terraza de un bar en el puerto; hay que sentirlas bajo las botas, respirar el olor a eucalipto mezclado con el salitre y dejar que el barro de los senderos nos cuente historias antiguas. Para mí, el senderismo aquí se ha convertido en una forma de meditación en movimiento, un diálogo constante entre el verde de la montaña y el azul infinito de la ría.

Entre el Agua y el Tiempo

Una de mis rutas de cabecera es la Ruta de la Pedra e da Auga. Siempre que necesito resetear la mente, me dirijo a Ribadumia. Caminar río arriba mientras el agua salta entre las piedras y los antiguos molinos de madera parecen vigilar mis pasos me transporta a otra época. Es un ascenso suave, envuelto en una penumbra mágica creada por la vegetación de ribera, que culmina en el imponente Monasterio de Armenteira. Allí, el silencio se puede casi tocar, y la recompensa de un buen café tras el esfuerzo sabe a gloria bendita.

El Susurro del Atlántico

Pero si lo que busco es esa sensación de libertad absoluta, mi destino es siempre la zona de Cabo Home, en Cangas. Recorrer el sendero que bordea los acantilados de Donón es, sencillamente, sobrecogedor. A un lado, los faros de colores que guían a los marineros; al otro, las Islas Cíes emergiendo del mar como gigantes dormidos. Hay un tramo, cerca de la escultura de la Caracola, donde el viento sopla con tal fuerza que parece que te va a limpiar hasta el alma. Es el lugar donde mejor entiendo la bravura de nuestro mar.

Mis Imprescindibles en la Mochila

Con el tiempo, he aprendido que en las Rías Baixas el senderismo requiere respeto. Aquí el clima es un compañero de viaje impredecible.

Calzado con agarre: El granito gallego, cuando se moja, puede ser traicionero.

Capas de ropa: El famoso «efecto cebolla» es vital; puedes empezar con sol en la costa y terminar bajo una bruma espesa en el monte.

Sentido de la maravilla: Detenerse a mirar una batea a lo lejos o una pequeña ermita escondida es lo que marca la diferencia.

Las rutas de senderismo en las Rías Baixas me han enseñado que el paraíso no es un destino lejano, sino una red de senderos que tengo justo a la puerta de casa. Cada vez que me calzo las botas, sé que voy a descubrir un rincón nuevo, un color diferente en el mar o un aroma que me recordará por qué esta tierra es, sin duda, el lugar donde quiero seguir perdiéndome para encontrarme.