Hace un par de semanas nuestra pandilla tuvo una sorpresa horrible y completamente inesperada. El hermano pequeño de uno de mis mejores amigos falleció de forma inesperada para todos los integrantes de nuestra pandilla, todo el mundo piensa que fue por un infarto, pero en secreto su hermano me dijo que tenía un cancer de cuello que no le había dicho a nadie. Se me va a hacer muy difícil hacerme a la idea de que ya no lo voy a ver más, pero su hermano sí que lo va a echar de menos ya que estaban muy unidos y su despedida en el funeral es algo que siempre tendré grabado en la memoria.
Cuando mi amigo me dijo que su hermano había fallecido, tardé un poco en poder contestarle porque me quedé literalmente temblando, no podía creer lo que me estaba contando. Y eso no me pasó a mí solamente, sino que también les pasó a otros de nuestros amigos. Según me comentaron después algunos de ellos se quedaron en estado de shock y no eran capaces de asimilar el golpe. Pero cuando el que fallece es un joven de menos de cuarenta años nadie se lo espera hasta que ya es demasiado tarde y enfrentarse a una sorpresa así no es que sea demasiado sencillo.
Al final ese fin de semana la pasamos casi entera en el tanatorio, porque falleció el viernes de tarde y tanto el sábado como el domingo fueron días de luto, pero acabaron como nuestro amigo hubiese querido, todos reunidos en el bar brindando a su salud. Incluso había una copa que nadie bebió en honor a él.
Espero que no tengamos que volver a tener que ir a despedir a otro amigo de una forma tan precipitada, nos queda todavía mucho por vivir y no somos tan mayores como para tener que ser asiduos a los tanatorios. Aunque comprendo que con la edad cada vez estos acontecimientos van a ser más frecuentes. Y eso que ya es el cuarto amigo que nos toca tener que despedir, esperemos que la lista no aumente todavía.