El sacramento de la eucaristía supone un punto de inflexión en la vida del creyente. Su celebración hace indispensables una serie de preparativos: remitir las invitaciones, decidir la fecha y el lugar del evento o elegir los trajes de comunión y ceremonia para niños, entre otros.
En concreto, la indumentaria de los comulgantes reviste especial importancia. A fin de cuentas, son los protagonistas del festejo y su atuendo acapara todas las miradas. En caso de encargar el traje o vestido a medida, debe hacerse con suficiente antelación; incluso adquiriendo las prendas acabadas, es preciso efectuar pequeños arreglos, para que siente como un pincel al comulgante. Lo anterior requiere previsión y cierta organización para evitar retrasos.
Respecto a la vestimenta en sí, se estila el uso de trajes de marinero y almirante en los niños, de colores blanco y azul de forma predominante, aunque el pantalón, americana y corbata han ganado enteros desde comienzos de siglo.
Por su parte, la moda de las pequeñas comulgantes consiste en vestidos de seda, organza y otros tejidos similares, por lo común. Se adornan con detalles de encaje, cintas, bordados, jaretas y otros realces. También aquí el blanco en el color dominante.
Los preparativos de comunión prosiguen con los invitados. Listarlos y enviarles las invitaciones con las señas del evento exige una investigación previa de, por ejemplo, el aforo permitido en la iglesia en cuestión o la disponibilidad de los interesados.
Decidida la fecha, hora y lugar de celebración, se elegirá el asunto y los pormenores de la decoración. La paleta de colores pastel está en boga, al igual que los estilos inspirados en personajes de la cultura popular. Para garantizar el entretenimiento del comulgante y de sus invitados, se recomienda contratar animadores, magos y otros profesionales similares, así como alquilar castillos hinchables y atracciones, siempre que el espacio disponible lo permita.