Si has ido últimamente al supermercado ya te habrás enterado de que los precios están un poco locos. Que al parecer se ha bajado el IVA de unos cuántos productos, pero seguimos igual. Se veía venir tras la pandemia, y así ha sido: tenemos una inflación desbocada. Mientras sindicatos y empresarios negocian sucesivas subidas de los salarios, en el súper la vida sigue igual. Todo sube. Y el vino también. 

La subida de costes ha repercutido también en la industria y el vino acumula varios meses de subidas ininterrumpidas. Para los que somos aficionados al vino, esto ha supuesto un inconveniente. Pero siempre hay que intentar ver el lado positivo de las cosas. También cuando suben los precios, aunque parezca difícil verlo. En este caso me he replanteado mi consumo, no solo con el vino, sino con muchas otras cosas. Pero sirva de ejemplo lo que he pensado con este tema.

Así que me pregunté: ¿cuándo disfruto más del vino? En ocasiones especiales. Cuando abro una buena botella y esta viene acompañada de una comida diferente y una compañía especial. Por ejemplo, cuando abro una botella de vino tinto condes de albarei y la disfruto en una comida familiar o con mi pareja. Así que pensé que lo mejor que podía hacer en estas circunstancias era empezar a reducir mi consumo de vino, pero invirtiendo en mejores botellas: menos, pero mejor. 

Entiendo que mi cuerpo también lo agradecerá. Ya sé que dicen que una copa de vino no hace daño, pero no es tan sencillo controlarlo a diario. Así que empecé a probar a no acompañar la comida “diaria” con vino, para ver cómo me sentaba. Y aunque al principio costó, como todo cambio de rutina, luego empecé a acostumbrarme. Sobre todo, porque sabía que llegaría mi momento de abrir una botella de vino tinto condes de albarei en fin de semana y disfrutar del buen vino. Porque como dice esa célebre frase, la vida es demasiado corta para beber vino malo. Así que ahora miro mucho más que lo que compro y bebo, dejando las grandes botellas para ocasiones especiales.