Programas como Buenafuente, La Resistencia o Zapeando. Series de televisión aclamadas por público y crítica como La Peste, La Casa de papel o Élite. Son espacios que han revitalizado la parrilla televisiva (desde los canales clásicos y las nuevas plataformas digitales)y de las que desearían formar parte la mayoría de los nuevos talentos interpretativos a nivel nacional. Pero poca gente sabe que estudiar para trabajar en television, sobre todo, si lo que se busca es ponerse delante de la cámara. Actualmente, hay poca oferta formativa en este terreno. De hecho, sólo existe un máster oficial profesionalizante en España, que se imparte en el Centro Universitario de Artes TAI, en Madrid.
La diferencia entre cualquier grado oficial en interpretación y un máster como el que ofrecen en TAI es importante y atiende a las especificidades del medio televisivo, que necesitan ser estudiadas desde la misma práctica de la profesión, como nos comenta su directora, Cristina Alcázar: “es un máster que te prepara para la vida profesional, absolutamente práctico. Por eso las asignaturas de voz, de cuerpo y de actuación ante la cámara son eminentemente prácticas”.
Además, hay varios puntos en los que es importante incidir a la hora de abordar la educación interpretativa en la pequeña pantalla: uno es hacer de estos dos años de formación un laboratorio interpretativo donde experimentar y adquirir la capacidad de desarrollar proyectos propios. Lo que nos lleva a otro gran pilar: la creación de un sello personal, esto es,“saber quién eres, qué proyectas y saber cómo poder llegar a eso”, aclara Alcázar. Por último, el otro acierto de estudiar un máster como el que se imparte en TAI es el profesorado: profesionales en activo del mundo del cine y la televisión que establecen una relación estrecha con sus alumnos en cuanto a acompañamiento y guía de este proceso tan complejo y enriquecedor.
Nadie apuesta ya por perfiles televisivos que se basan solamente en una presencia física. Ni siquiera se trata del actor 360, como diría la gran Paquita Salas. Delante de la cámara, se pide una personalidad propia, que enganche con el público y muestre un modo de hacer las cosas interpretativamente personal y auténtico. Por eso, es necesario crear a un actor que refleje y transmita su propia esencia. Porque la caja tonta no tiene, precisamente, ni un pelo de tonta, y sabe perfectamente a quién quiere en ella.