Ciertamente, es molesto (¡muy molesto!) estar cocinando, levantar la mirada y toparte con los indiscretos ojos del vecino cotilleando qué marca de arroz usas. Algunas veces, te entran ganas de abrir la ventana, abanicar el vapor de la olla y decirle “¿A que también huele estupendamente? Si quieres te doy la receta… Por si no lo has visto todo bien”.
De acuerdo, me ha salido la vena borde, pero es que ese tipo cotilla me sacaba de quicio. Y hablo en pretérito imperfecto (pasado, si eres víctima del sistema educativo español) porque se trata de una molestia resuelta, gracias a la venta de estores para cocina.
Para empezar, y para los hijos de la LOGSE (da miedo pensar que puedan venir métodos educativos aún peores… y vamos camino de ello), diremos que un estor (estor, si hemos de prestar atención a lo que nos dice la Real Academia de la Lengua Española) es, según esta misma institución, una “Cortina de una sola pieza, que se recoge verticalmente”. Pero, para lo que aquí se quiere decir, la definición académica se queda muy corta.
Y es que gracias a esta venta de estores para cocina, y créeme que no exagero, mi vida ha cambiado de forma radical: ya no me compro la comida pensando en que el vecino se va a reír de mí si no cocino con pastas “Pavo”, me hago el bocata de espetec “Caza Para Ellas” o me unto quesitos de “La Vaca que Se Parte de Risa”. Ahora tengo intimidad en mi cocina.
Claro que podría haber obtenido esa misma privacidad con una persiana o un visillo de los de toda la vida… Ocurre que la cortina tradicional es bastante más incómoda de usar, por no hablar de que el viento la levanta o de que hay que descolgarla cada vez que queramos limpiarla. En cuanto a la persiana, se trata de un elemento que nos obliga a elegir entre luz o privacidad.
Y una última ventaja de esta venta de estores para cocina es que, además de circular el aire o la luz… me permite ver qué y cómo cocina mi vecino…