Siempre me ha llamado la atención la forma en la que decidimos qué comprar cuando se trata de compras importantes. ¿Cómo elegimos una televisión? ¿Cómo elegimos un móvil? ¿Cómo nos decidimos por un coche? Yo soy uno de esos compradores que siempre trata de ir con la lección aprendida y que prefiero asesorarse primero en casa. Que me perdonen los vendedores, los hay de todos los tipos, pero es cierto que, por regla general, el principal objetivo de un vendedor es vender, no asesorar.
Así que, si quiero comprar un móvil, trato de pasar bastante tiempo informándome sobre el mercado de los móviles y sobre las características de los mismos. Y si quiero comprar una caravana, lo mismo. Y es en lo que estábamos últimamente. Habíamos decidido cambiar de caravana ya que los hijos ya no iban a venir con nosotros y preferíamos algo más pequeño. Y es que tirar por una caravana no es fácil para cualquier coche, así que había llegado el momento de tener algo más ligerito por lo que buscamos bambina segunda mano.
El problema con el tema de las caravanas es que hacía ya bastante tiempo que estaba desconectado. Cuando compramos la vieja también fue de segunda mano. En este sector se mueve mucho la segunda mano porque la gente cambia rápido o pierde el interés por este estilo de viajar. O, como en nuestro caso, porque las circunstancias cambian y quieres algo más pequeño o más grande.
Si vas al mercado de segunda mano, puedes optar por ir a un sitio especializado en caravanas o bien tratar directamente con los propietarios. Lo que hice en primer lugar fue acudir a un sitio donde sé que tenían alguna bambina segunda mano que era el tipo de caravana al que le habíamos echado el ojo. Nos gustaba por su tamaño y por las buenas opiniones que nos habían dado varios amigos.
La cuestión es que luego había que decidir entre todas las disponibles. Y como hay mucho movimiento en este sector, rápidamente te ‘meten presión’ si ven que te interesa una. Y en esta ocasión, sin que sirva de precedente, no nos costó decidir: esta es la que quiero.