Vivimos en un mundo globalizado y ya se sabe lo que eso supone: una mariposa mueve sus alas al otro lado del mundo, y aquí estalla una crisis económica de órdago. Es lo que llaman el efecto mariposa cuyo resultado bien que nos ha quedado claro estos últimos dos años: alguien se come un murciélago en una ciudad china y el mundo se enferma. Ahora toca la guerra de Ucrania que ya está afectando a todos los órdenes económicos mundiales, especialmente a Europa.

Y lo que parece un asunto que debe ser gestionado desde la alta política, sus efectos colaterales llegan hasta las estanterías del supermercado o los fogones de la cocina de un restaurante. Ya no hay aceite de girasol, un producto clave en muchos negocios hosteleros. Estos días leíamos que España se quedará sin dulces en un mes. Parece una broma porque tampoco es el fin del mundo quedarse sin dulces una temporada, pero el asunto da para mucho más que no comer bollos durante unas semanas.

Desde nuestro negocio estamos muy atentos a las noticias y su repercusión en los precios de las materias primas. Todas las semanas reponemos nuestra despensa, encargamos un pedido a nuestro distribuidor de salteados congelados para hosteleria o cualquier otro producto que necesite ser repuesto. Pero si nuestro distribuidor ha tenido problemas de suministro o el fabricante ha tenido que pagar más por la materia prima, todo ello repercute en el precio que nos pone el distribuidor que, a su vez, termina, lógicamente, repercutiendo en el consumidor final.

Así es como funciona una cadena de suministro en cualquier sector, incluyendo los de la alimentación y la hostelería. Cualquier desbarajuste en uno de los eslabones de la cadena afecta más o menos al resto. Y si el aceite de girasol escasea o sube mucho su precio, afecta a los demás, tal vez no de momento a nuestro distribuidor de salteados congelados para hostelería, pero quizás sí a otros de nuestros distribuidores. Así que parece que nos hemos acostumbrado a vivir en la incertidumbre permanente: cosas del mundo globalizado.