La solemnidad de una primera comunión impulsa a los participantes a vestir sus mejores galas, acompañadas de accesorios no menos elegantes, ni exentos de simbolismo religioso. En los vestidos infantiles de comunión, el uso de ciertos complementos cobra una importancia mayúscula.

Los fajines y lazadas de ceremonia para niñas son un claro ejemplo. Estos accesorios permiten ceñir la falda y separarla de la blusa, aumentando su valor estético. Su acabado simple y bonito armoniza con el tono general de una comunión. Pueden escogerse del mismo color que el vestido o de otro diferente, buscando un contraste entre las telas.

Por su parte, las coronas de flores incrementan el atractivo del peinado y pueden reforzar la paleta de colores del vestido. Están fabricadas con un armazón de alambre, al que se unen flores naturales o sintéticas por medio de un cordel o similar.

De apariencia más discreta, los tocados florales agregan una nota alegre y colorida al conjunto para primera comunión. Las rosas, peonías, lirios o gardenias son apropiadas para la ocasión, y pueden combinarse en tamaño y formas muy diversas. El único límite aquí es la imaginación.

Los guantes de encaje, por su parte, son uno de esos detalles capaces de marcar la diferencia. Se integran bien en vestidos en los que predomina el color blanco y se adornen con motivos florales. A diferencia de otros guantes, estos incorporan bordados, perlas, lazos y otros adornos. En cualquier otro evento, podrían recargar el look y lastrar su éxito, pero casan bien con una fiesta de comunión.

Otro complemento estrella en una primera comunión es la limosnera, una bolsa de lino u otra tela similar, rematada con un cierre de cuerda. Su diseño está pensado para llevarlo en la cintura de la niña, por lo que sus colores deben combinar con el vestido y el tocado.