Categoría: Viajes

Silgar, una de las playas más turísticas de Pontevedra

Sanxenxo, en la comarca de Salnés, es famosa por su microclima, su gastronomía y, sobre todo, por sus destinos de sol y playa. Al elaborar un ranking con las mejores playas de pontevedra mapa, es inevitable incluir la de Silgar, la más popular del municipio sanxenxeiro, lo que es mucho decir, ya que su costa kilométrica acoge otros veintitrés arenales.

Silgar no es particularmente grande (menos de ochocientos metros de longitud), pero la calidad de sus arenas finas y blancas está a la altura de las mejores de su comunidad. Su oleaje tranquilo permite disfrutar del baño a toda la familia, siendo también compatible con el paddle surf, el piragüismo y otros deportes acuáticos.

En esta playa ondea la Bandera Azul, distintivo que avala la excelencia de sus servicios y su gestión ambiental. Cuenta con un paseo marítimo en el que pueden encontrarse cafeterías y restaurantes donde probar las especialidades locales, como el lacón con grelos o el caldo gallego.

En dos ocasiones, Silgar ha estado cerca de desaparecer como consecuencia de los duros temporales de invierno. En fechas recientes, se movilizaron diez mil metros cúbicos de arena para «reconstruir» el perfil original de esta playa.

En sus inmediaciones, se alza uno de los emblemas del territorio, ‘La Madama’, una escultura de Alfonso Vilar Lamelas que representa a una diosa marina sosteniendo una caracola. Se diseñó en bronce y recibe casi tantas fotografías como la propia Silgar.

En la Praza do Mar, a solo unos pasos que la playa, se ubica la ‘Escultura Atlante’ del escultor cambadés Francisco Leiro. Es un error común asociarla con un hombre tumbado, pues simbolizaría un dios atlántico. Al oeste de Silgar, el mirador de Punta del Vicaño recompensa al viajero con una panorámica de la ría pontevedresa. Cerca de este arenal se sitúan los de Baltar y Panadeira.

El engaño turquesa: Mi valiente baño en las Islas Cíes

La estampa en la playa de Rodas, en un día como hoy de finales de julio, es una trampa perfecta. Es, posiblemente, una de las imágenes más bellas que uno puede presenciar. La arena es blanca y fina, casi como harina; el sol pica con la fuerza del verano gallego y el agua luce un color turquesa tan intenso y cristalino que parece sacado de una postal del Caribe. Todo tu ser, acalorado tras la caminata desde el muelle, te grita que corras y te zambullas en ese paraíso líquido. Pero esta imagen idílica, casi irreal, esconde el secreto mejor guardado y a la vez más conocido por todos los vigueses: la temperatura del agua en las islas cíes es mucho más baja de lo que nos gustaría.

El ritual es siempre el mismo, una tragicomedia que se repite cada verano en esta orilla. Observas a los valientes que ya están dentro, la mayoría con el agua por las rodillas y una expresión facial que mezcla el éxtasis con el puro sufrimiento. Te armas de valor. Dejas la toalla sobre la arena caliente y caminas con decisión hacia el agua, sintiéndote el protagonista de una película. Y entonces, el primer contacto. El agua te roza los dedos del pie y un calambre eléctrico te recorre toda la espina dorsal.

Comienza entonces el avance milimétrico, un acto de fe y pura cabezonería. Los tobillos, las rodillas, la cintura… cada centímetro ganado al mar es una pequeña victoria acompañada de un grito ahogado. Y cuando ya no puedes más, cuando la mitad de tu cuerpo ha perdido toda sensibilidad, llega el bautismo final: te lanzas de cabeza, un chapuzón rápido y agónico que te deja sin aliento.

Y mientras tiritas, te preguntas por qué. La respuesta tiene nombre: afloramiento. No es casualidad, es ciencia. Las corrientes empujan las aguas superficiales, más cálidas, mar adentro, permitiendo que agua de las profundidades del Atlántico, mucho más fría y rica en nutrientes, suba a la superficie. Esa agua helada, que convierte el baño en un acto heroico, es la misma que convierte a nuestra ría en uno de los ecosistemas marinos más ricos del planeta.

Tras el shock inicial, si aguantas, llega la recompensa. El cuerpo se acostumbra y una sensación de pureza y energía indescriptible te invade. Flotar en esa agua transparente, viendo el cielo azul y sintiendo el sol en la cara, es una experiencia revitalizante. Eso sí, la felicidad dura poco. Pronto, el frío vuelve a ganar la batalla y emprendes una carrera desesperada de vuelta a la bendita toalla, donde te envuelves como si acabases de cruzar el Ártico. Es el peaje que hay que pagar para disfrutar de este paraíso. Y como vigués, es un peaje que, al menos una vez al verano, pago con una mezcla de pavor y orgullo.

En plena naturaleza: estos destinos de ecoturismo esconden la Galicia más ‘verde’

Galicia es una de las comunidades con mayor superficie forestal. Sobre su patrimonio histórico-cultural se han escrito ríos de tinta, pero a menudo se olvida su oferta de parques naturales, archipiélagos, bosques, sierras y playas, que configuran un mosaico único de naturaleza. Los destinos insulares representan bien las posibilidades del ecoturismo gallego, con las excursiones en la Isla de Ons a la cabeza.

Ons y Onceta componen un archipiélago situado frente a la ría de Pontevedra, perteneciente al Parque Nacional de las Islas Atlánticas. Sirve de escenario para actividades como el trekking, el buceo, la observación de aves y estrellas, etcétera. La simple contemplación del paisaje desde el mirador de Fedorentos y otros puntos elevados recompensa al viajero con una panorámica de excepción. Sin abandonar este parque natural, el visitante se deleita con actividades y deportes al aire libre en las cercanas islas Cíes, Arosa o Tambo.

Del litoral a la montaña, la Sierra de Os Ancares supone un cambio radical. Este espacio protegido, de más de cincuenta hectáreas, se ubica entre León y Lugo alberga una red de senderos casi interminables que discurren por el Burbia y otros valles y hasta elevaciones como Tres Bispos.

Otro paraíso para el senderista es el Parque Natural de las Fragas do Eume, con nueve mil hectáreas surcadas por rutas como la de dos Encomendeiros o el Camiño de Os Cerqueiros. En su entorno se alternan los valles, ríos y bosques atlánticos con monasterios de época medieval, como los de Monfero o San Xoán de Caaveiro.

Por su parte, Corrubedo, en la península de Barbanza, alberga una de las mayores dunas móviles de Europa. Este complejo dunar, del que forman parte las Lagunas de Carregal y Vixán, es una demostración de la naturaleza tan heterogénea que se da cita en Galicia, que no deslumbra solo por sus fragas y meigas.

Calas vs grandes playas

¿Eres más de calas o de playas de gran tamaño? Hay playas y calas Pontevedra para todos los gustos y ambas opciones tienen sus pros y también sus contras. Te contamos algunas de las ventajas e inconvenientes de cada una de las opciones.

Las calas siempre han tenido la fama de ser lugares con una magia especial, sobre todo cuando no son muy conocidas. Como en muchas ocasiones están escondidas y no están señalizadas, no te vas a encontrar grandes avalanchas de gente en ellas. Esto es una gran ventaja para quienes odien las playas abarrotadas. Además, no tienen instalaciones en los alrededores, por lo que son totalmente vírgenes y el paisaje es mucho más bonito. 

Los contras de todo esto es que el acceso a estas calas puede ser complicado, sobre todo si se quiere ir con personas mayores, niños o personas con movilidad reducida. Además, como no hay espacios habilitados para los coches, a veces hay que aparcar lejos y caminar durante un largo rato hasta llegar, por lo que no son compatibles con sillas, neveras ni demás objetos que puedan pesar demasiado.

Los grandes arenales cuentan con acceso fácil para casi todo el mundo, algunos incluso tienen pasarelas para personas que están en sillas de ruedas. Los aparcamientos, aunque a veces se quedan cortos, están situados muy cerca del lugar en el que se va a plantar la toalla y, aunque haya mucha gente, siempre hay espacio para estar por su gran tamaño.

Al contar con todo tipo de servicios no te va a faltar un baño o un lugar en el que tomar algo si te entra sed y quieres un refresco frío sin necesidad de cargar con una nevera todo el día. Incluso puedes comer o cenar al lado de la playa si es tu deseo. 

Pero, a cambio, estarás en un lugar abarrotado de gente, lo que hace que no siempre sea todo lo relajante que debería, entre radios, música, gritos y niños que pasan corriendo por la toalla dejando una nube de arena. 

Todos los lugares tienen pros y contras y cada uno debe de valorar qué es lo que quiere en cada momento y aquello a lo que está dispuesto a renunciar para conseguirlo. Pero si eres de los que lo quieren todo, siempre están los arenales intermedios, con algunos servicios y una cantidad de personas más asumible.

Actividades más populares en las Islas Cíes

El turismo activo y de naturaleza ofrece su mejor versión en las Islas Cíes. Este archipiélago del Parque Natural de las Islas Atlánticas está abierto a la práctica de actividades como el senderismo, las excursiones en kayak o la observación de estrellas y aves. Con la correspondiente autorización y entrada islas cíes, es posible desembarcar en Monteagudo, do Faro y San Martiño en cualquier época del año.

Las experiencias de piragüismo y kayak reciben una intensa demanda en este archipiélago gallego, cuyo extenso litoral acoge incontables atractivos: la playa de Rodas, el Faro do Peito, el islote Dos Viños o el Cabo Dos Bicos. Son travesías de tres a cuatro horas que se realizan en compañía de un guía.

La oportunidad de explorar el fondo marino también atrae al público viajero. El esnórquel requiere menos equipamiento que el submarinismo, y permite contemplar los ecosistemas de marinos de las islas Cíes. Especies como el erizo de mar, el centollo, la raya mosaico, el delfín común o el caballito de mar habitan estas costas.

Otra actividad de interés turístico es la observación de estrellas. Las Cíes figuran en la lista de destinos ‘Starlight’, un privilegio al alcance de pocos que demuestra la calidad de sus cielos nocturnos, libres de contaminación lumínica. Sin lugar a dudas, un plan irresistible para los amantes de la astronomía.

El entorno natural de las islas Cíes alberga diversas rutas de senderismo. La de Monte Faro es una de las más largas, con casi ocho kilómetros que transitan por esta elevación. Por su parte, las rutas de Alto do Príncipe y Faro de A Porta proponen recorridos menos desafiantes por los principales enclaves de este archipiélago.

Este destino isleño también es el hogar de la gaviota patiamarilla y el cormorán moñudo. Sus colonias —una de las más numerosas de Europa, con cerca de veinte mil parejas— puede observarse en el alto da Campá y otras áreas señalizadas. Con razón, las Cíes han sido declaradas como ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves).

Visitar Galicia en Verano: Un Viaje a la Maravillosa Costa Verde

Galicia, una región en el noroeste de España, es conocida por su costa impresionante, su cultura rica y su paisaje verde y exuberante. Aunque Galicia es un destino atractivo durante todo el año, el verano es una época especialmente encantadora para explorar esta región única. Con su clima suave, playas de arena dorada y una variedad de festivales y eventos, Galicia ofrece una experiencia veraniega inolvidable. Aquí te presentamos una guía para aprovechar al máximo tu visita a Galicia en verano.

  1. Disfruta de las Playas Gallegas

El verano en Galicia es sinónimo de sol y playas. Aunque la región no es tan conocida por sus playas como otras partes de España, ofrece algunas de las costas más espectaculares del país. Aquí hay algunas playas que no te puedes perder:

Playa de las Catedrales (Ribadeo): Famosa por sus formaciones rocosas impresionantes, la Playa de las Catedrales es un lugar mágico durante la marea baja. Las enormes formaciones rocosas y arcos naturales crean un paisaje casi surrealista que es perfecto para explorar y tomar fotografías.

Playa de Rodas (Islas Cíes): Parte del Parque Nacional de las Islas Atlánticas, la Playa de Rodas es conocida por su arena blanca y aguas cristalinas. El parque ofrece una belleza natural excepcional y es ideal para nadar, tomar el sol y hacer senderismo.

Playa de Sanxenxo (Sanxenxo): Esta playa es una de las más populares entre los locales y turistas por igual. Con sus aguas tranquilas y su ambiente animado, es el lugar perfecto para disfrutar de actividades acuáticas y de la vida playera.

  1. Explora las Ciudades y Pueblos Encantadores

Galicia no solo tiene playas hermosas, sino también ciudades y pueblos llenos de historia y encanto:

Santiago de Compostela: La capital de Galicia es famosa por ser el final del Camino de Santiago. Su casco antiguo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, está lleno de calles empedradas, plazas históricas y la impresionante Catedral de Santiago. En verano, la ciudad cobra vida con festivales y eventos culturales.

A Coruña: Conocida por su Torre de Hércules, el faro romano más antiguo en funcionamiento del mundo, A Coruña ofrece un rico patrimonio histórico y cultural. Disfruta de las vistas desde el paseo marítimo, explora el casco antiguo y saborea los mariscos frescos en uno de sus numerosos restaurantes.

Vigo: La ciudad costera de Vigo es famosa por su puerto y su animada vida nocturna. Aprovecha para pasear por el puerto, disfrutar de una deliciosa comida en el Mercado de la Piedra y explorar las islas Cíes cercanas en excursiones en barco.

  1. Saborea la Gastronomía Local

El visitar Galicia en verano también es una oportunidad para disfrutar de su deliciosa gastronomía. La región es conocida por sus mariscos frescos, como mejillones, almejas y percebes, así como por sus platos tradicionales como el pulpo a la gallega. No te pierdas:

Mariscos y Pescados: Disfruta de una comida en una marisquería local donde podrás degustar algunos de los mariscos más frescos y sabrosos de la región.

Empanadas Gallegas: Prueba las empanadas gallegas, rellenas de carne, pescado o mariscos, y horneadas hasta que estén doradas y crujientes.

Vinos de la Región: Galicia produce excelentes vinos blancos, especialmente Albariño. Una cata de vinos en una de las bodegas locales es una excelente manera de conocer los sabores de la región.

  1. Participa en Festivales y Eventos

El verano en Galicia está lleno de festivales y eventos que celebran la cultura y las tradiciones locales:

Fiesta del Marisco (O Grove): Celebrada en octubre, aunque no en pleno verano, la Fiesta del Marisco es una de las festividades más importantes de Galicia. Si estás visitando en esa época del año, es una oportunidad fantástica para probar una variedad de mariscos.

Fiestas de Santiago Apóstol (Santiago de Compostela): A finales de julio, la ciudad celebra las Fiestas de Santiago Apóstol con desfiles, conciertos y eventos culturales. Es una celebración vibrante y colorida que atrae a visitantes de todo el mundo.

Fiestas de la Virgen del Carmen (varias localidades): Celebradas en julio, estas festividades en honor a la Virgen del Carmen incluyen procesiones marítimas y eventos culturales en pueblos costeros.

  1. Explora la Naturaleza y el Senderismo

Además de sus playas y ciudades, Galicia ofrece una gran cantidad de oportunidades para explorar la naturaleza:

Parque Natural de las Fragas do Eume: Este parque es una joya natural con bosques antiguos, ríos y cascadas. Es ideal para hacer senderismo y disfrutar de la flora y fauna local.

Ruta del Río Miño: Recorre el río Miño y explora sus alrededores a pie o en bicicleta. Disfruta de paisajes tranquilos y de la belleza natural de la región.

Visitar Galicia en verano es una experiencia enriquecedora que combina belleza natural, rica historia y una gastronomía excepcional. Desde sus impresionantes playas y ciudades encantadoras hasta sus festivales vibrantes y paisajes naturales, Galicia ofrece una variedad de experiencias para todos los gustos. Aprovecha al máximo tu viaje explorando, saboreando y disfrutando de todo lo que esta maravillosa región tiene para ofrecer. ¡Prepárate para un verano inolvidable en la Costa Verde de España!

BOSQUES TRANQUILOS

Me encanta pasar tiempo en Vigo y alrededores, aunque si tengo que ser sincero prefiero pasar mi tiempo en los montes de los alrededores de vigo ya que son una zona muy tranquila en donde puedes pasar tiempo de calidad desconectando del ruido de la ciudad. Por lo menos un par de veces a la semana tengo que escapar a alguno de los montes a los que voy, porque por fortuna todavía podemos elegir entre unos cuantos bosques diferentes ya que nuestra ciudad está rodeada por montes boscosos aparte del océano atlántico. En muchos de estos bosques disponemos de merenderos en los que puedes pasar la tarde con los amigos o leyendo un libro que es lo que yo suelo hacer casi siempre. Y en los meses de verano cuando el calor aprieta de manera más fuerte y en la ciudad no se puede respirar se nota mucho la diferencia cuando subes al monte a tomar un poco de aire fresco y el verde de las plantas y árboles ayuda a que el ambiente sea mucho más fresco que rodeado de edificios. He de decir que me gusta ir al bosque desde siempre y creo que eso es porque he ido a un colegio que estaba rodeado de bosques y es un lugar en el que me siento bastante cómodo. Mis primeras escapadas al bosque fueron precisamente a los bosques que teníamos al lado del colegio, ya que cuando celebrábamos los magostos nos llevaban unos días antes de hacer las hogueras al bosque a recoger del suelo las agujas de pino que era lo que usábamos para hacer las hogueras y asar las castañas que nos comíamos todo el colegio. Esas fiestas me alegro de haberlas celebrado en un colegio del extrarradio porque en los colegios del centro de la ciudad no se podían hacer hogueras ni nada parecido ya que teniendo edificios muy cerca sería bastante peligroso. Pero en nuestro colegio teníamos sitio de sobra para hace una hoguera grande donde poder asar las castañas, eso si los profesores no dejaban que los niños nos acercásemos demasiado a la hoguera.