A lo largo de mi vida laboral me he visto obligado a trabajar en diferentes condiciones. Estuve varios años en diferentes oficinas, desde las más grandes hasta pequeños locales con cuatro o cinco personas hasta pasar después a trabajar en casa. En los últimos años he alternado esta situación con el trabajo fuera de casa en espacios coworking.

En mi última casa tenía una habitación que usaba como despacho, pero al cambiar de casa hemos quitado una habitación y mi ‘despacho’ ha sido sacrificado. No me quejo porque fue una decisión consensuada con mi pareja. Había dos opciones: o irnos a vivir fuera de la ciudad o quitar una habitación. A ninguno de los dos nos venía bien estar muy alejados del centro así que nos quedamos con la segunda opción.

Ahora trabajo la mayor parte de los días en espacio coworking lo que me obliga a ser muy eficiente en el material. Antes estaba en casa y lo tenía todo a mano. Ahora debo ir con lo justo. No me gusta nada llevarme la casa a cuestas para ir a trabajar: un portátil y poco más. Eso sí, debo usar muchos USB. Tengo un amigo que tiene una tienda de informática y me nutre de diseño memorias usb revolucionarios. Me ha dejado uno para que lo prueba que es súper curioso. Tiene una forma adaptada al teclado de forma que lo puedes dejar en el propio portátil mientras trabajas, así es imposible perderlo.

Por otro lado, es cierto que el coste que tiene un espacio coworking puede ser considerable. Pero yo tengo uno justo debajo de mi actual casa. He solicitado una tarifa solo por las mañanas. Luego subo a casa a comer y el resto del tiempo, si necesito trabajar (que generalmente sí lo necesito) lo hago en el salón de casa.  

De momento estoy probando con mi diseño memorias USB y mi portátil para ver si es rentable. Pero lo de trabajar todo el día en la mesa del comedor me da un poco de miedo. Ahorraría algo de dinero pero en casa soy mucho menos productivo, así que de momento seguiré así.