Iba a ser el segundo negocio hostelero que abría y esta vez iba a cambiar bastantes cosas. Con mi primer restaurante todo fue un poco ‘do it yourself’. Primero porque no tenía presupuesto para mucho más, pero también por falta de conocimiento. Había trabajado en otros locales e incluso había sido socia de uno, pero nunca había sido la responsable absoluta. Y no quise tomar riesgos e invertir demasiado dinero por si acaso.
Y aunque acerté con algunas decisiones a la postre me di cuenta de que debía haber aspirado a algo más desde el principio. O, dicho de otra forma: tenía que decidir entre mojar un piececito o tirarme a la piscina de verdad… pero con agua, claro. Una vez vendido el primer local y con un poco más de presupuesto aposté por algo más ambicioso. Y sobre todo esta vez no pensaba encargarme yo de todo.
Para todo lo relacionado con la identidad corporativa confié en IDE comunicación a los que ya conocía de otras experiencias pasadas en algunos de los locales en los que colaboré. En mi primer restaurante hice yo todo lo que pude y lo que no se lo encargué a un amigo que tenía ‘nociones básicas’ de diseño. El resultado fue un desastre. Pero, por supuesto, no fue culpa del chico, sino mía por querer ahorrar donde no había que hacerlo. Al fin y al cabo, la imagen de un negocio es fundamental.
En el caso de un restaurante, la comida es el elemento principal, de eso no cabe ninguna duda. Y por la parte que me toca yo considero que ese aspecto está ‘solventado’. Pero en los tiempos que corren si no sabes venderte bien, si tu imagen no llega al mayor número de posibles clientes y si esa identidad corporativa no está en consonancia con lo que ofreces, la competencia se llevará a tus clientes. Hay que saber venderse y por eso confié en IDE comunicación, una firma que lleva muchos años dedicándose a la publicidad. Y no pude quedar más contenta con el trabajo que hicieron hasta el punto de que mi restaurante también brilla por su estética.