Categoría: Automoción

Qué debes ver si vas a comprar un coche de segunda mano

¿Quieres comprar un Audi segunda mano y no sabes si va a estar en el estado que te dice el vendedor? Presta atención a estos puntos que son claves para hacer una buena compra.

 

Por supuesto tendrás que probar el vehículo para ver si tiene algún tipo de daño en el motor así que pide al propietario que te lleve o te deje dar una vuelta con el coche. Sólo te darás cuenta de esto si de verdad pones el coche en funcionamiento.

 

Por ejemplo tendrás que observar el estado en el que se encuentran los frenos. Date cuenta si el freno presenta un hundimiento excesivo del pedal, si hace ruidos al frenar o si hay tensión cuando usas el propio freno de mano. Observa si el coche sufre paradas, ralentí irregular o ruidos en el motor.

 

Ten cuidado con los faros y las luces. Mira si presentan algún tipo de golpe o fisura. Ten en cuenta si tienen alguna rotura en la tulipa de protección porque esto podría repercutir en la propia proyección de la luz. También es importante que veas si los faros son piezas originales o no y si están homologados.

 

Revisa la suspensión del vehículo. Para ello tendrás que ver si el coche presenta algún tipo de balanceo excesivo. También tendrás que fijarte en si hace ruidos anormales y si hay algún tipo de desnivel pronunciado en la carrocería.

 

En los cristales y las lunas también pueden haber problemas. Se considera que si presentan fisuras mayores de 1,5 cm ya es algo a tener en cuenta. Por supuesto también tendrás que tener en cuenta las roturas del cristal o los posibles descolgamientos, algo que verás a simple vista.

 

Mira el kilometraje del coche en el cuadro de mandos. Ya sabes que a veces estos datos están falseados un claro síntoma. Aunque no siempre tiene que ser falso si el coche tiene muchos años y poco kilometraje, sospecha. Un coche habitualmente suele realizar unos 10.000 km al año, por lo que multiplícalo por los años del coche y apróximadamente tendrá que tener la cantidad de kilómetros que debe tener.

Compartiendo viajes de larga distancia

Siempre me gustaron los coches… hasta que un buen día dejaron de gustarme. No sé muy a qué se debió, pero empecé a cogerles cierta manía, sobre todo a tener que conducir. Antes de sacar el carné incluso compraba revistas de coche. Fantaseaba con tener un coche grande, me gustaban las grandes berlinas por aquellos tiempos.

Cuando me saqué el carné, busqué coches en pontevedra para comprar. Valoré tanto la segunda mano como los coches nuevos. Podía pedir un poco de dinero prestado a la familia, pero al final preferí optar por el mercado de ocasión. Con el tiempo me he dado cuenta de que fue una gran decisión. Todo el mundo quiere un coche nuevo, pero si no hay suficiente dinero es mejor no pedir prestado a nadie (ni al banco ni a la familia) y arreglarse con lo que uno tiene.

Tal vez fue conducir por ciudad lo que me cansó. Me empecé a dar cuenta de que me cambiaba el carácter cuando me sentaba en el asiento del piloto: me enfadaba por cualquier cosa y solía discutir bastante con otros conductores. Cuando aparcaba me quedaba con mal cuerpo, era como el Doctor Jekyll y Mister Hyde. Tantos atascos, pitidos y estreses terminaron por hartarme y empecé a buscar alternativas para el coche.

Poco a poco, comencé a usar el transporte público hasta que me deshice del coche por completo en ciudad. Todavía lo usaba para desplazamientos largos hasta que  conocí alguno de esos servicios de consumo colaborativo. Busqué coches en pontevedra, pero esta vez para compartir. E hice mi primer viaje largo acompañado.

Tengo que decir que la primera experiencia no salió del todo bien, tal vez porque estaba acostumbrado a conducir yo o tal vez porque los pasajeros de aquel día no eran santo de mi devoción. Pero repetí y salió mejor. Y a partir de ahí no he vuelto a tener problemas. Si tengo que hacer un viaje largo solo, siempre busco uno de estos servicios.

¿Y qué fue de mi viejo coche? Se lo regalé a un amigo para que trasteara con él. No lo echaré de menos.

¿Cuándo dejar de conducir?

Para muchos, dejar de conducir es una decisión difícil. Generalmente se toma tras la insistencia una y otra vez por parte de los familiares para que se venda el coche o se le pase a algún hijo o nieto.

Uno de los motivos por lo que es tan difícil tomar esta decisión es porque suele ir asociada a la edad o a alguna enfermedad degenerativa y aceptar que ya no se puede conducir viene a ser algo así como aceptar que se es viejo o que la enfermedad avanza. Y en ninguno de los casos hay una marcha atrás.

Aunque hay casos de personas jóvenes y sanas a las que se les pide con insistencia que dejen de conducir debido a su poca pericia al volante, son los menos y por lo general esto sucede al llegar a un momento de la vida en el que la vista, el oído y los reflejos dejan de ser lo que eran.

Hay que evitar plantear las cosas a la persona afectada de manera poco delicada. Para nosotros es evidente que no puede conducir, pero hay que evitar decírselo como si fuera un ataque o humillándolo.

Lo mejor en estos casos es razonar con la persona de manera cariñosa, que no sienta que se le está tratando como un trasto inútil o, algo que sucede en muchos casos, que no crea que el motivo de querer que deje de conducir sea quedarse con su coche.

Incluso si el vehículo que tienen es un Renault barato que no tiene un precio alto y que fácilmente se podría comprar en cualquier tienda de segunda mano por muy poco dinero, para él seguramente tenga un gran valor y por eso puede acabar sospechando de segundas intenciones.

En algunos casos es buena idea que alguien cercano, como un hijo, vaya a hablar con el médico de familia para que este convenza a la persona de que se haga un examen completo e imparcial que determine si debe o no de continuar conduciendo. En este caso, ambas partes deben de comprometerse a aceptar el dictamen.

Por desgracia, los psicotécnicos que se realizan para la obtención del carnet o para su renovación no suelen ser muy fiables. Las clínicas no son demasiado exigentes y realizan controles muy laxos por lo que incluso personas con graves problemas de salud consiguen renovar sus licencias sin demasiados problemas.