Después de tres años con la misma dentista, me enteré en mi última visita que se había cambiado a otra clínica. Sigue trabajando para la misma empresa, pero está en otra clínica no muy lejos de la que yo suelo frecuentar, pero ya no me queda tan bien ubicada. En mi siguiente cita me pasaron con otra dentista y me ha costado adaptarme. Y es que el tema del dentista es algo bastante delicado, al menos para mí. No me gusta mucho acudir al dentista, como a los niños, pero siendo adulto. Sé lo necesario que es, pero sigue pareciéndome ridículo estar media hora con la boca abierta. Ridículo y molesto, pero es lo que hay.

Por eso, ya puestos a estar incómodo, prefiero estar con alguien de confianza y ahora que mi dentista de confianza se ha ido me estoy planteando buscar otro dentista santiago. ¿Y cómo elegir dentista? Pues no es fácil, no es como ir a la peluquería, algo que también me cuesta acostumbrarme. He perdido la cuenta de la cantidad de personas diferentes que me han cortado el pelo en mi vida: casi que conozco a la mitad de los peluqueros de la ciudad. Pero es que tampoco me siento muy a gusto sentado mientras alguien manipula una tijera en mi cabeza.

Lo del dentista es un poco parecido, bastante más caro y bastante más importante, pero igualmente pasivo: estás ahí esperando, confiando en que el profesional haga su trabajo como debe hacerse. Bueno, es verdad que al dentista no le das indicaciones de cómo lo quieres, si más largo o más corto. Generalmente es él o ella los que deciden cómo han de hacerse las cosas.

Sea como fuere, ya he empezado a buscar un dentista Santiago. Debería cumplir los siguientes requisitos: que me perdonen los dentistas varones, pero para temas de dientes prefiero una mujer, que suelen ser más delicadas, al menos según mi experiencia en este ámbito. También debería estar cerca de casa o bien comunicada con transporte público, porque no uso el coche. Y que me haga sentirme cómodo en la consulta, que es lo más complicado.