Hay objetos en una casa que, más allá de su función práctica, se convierten en parte de la familia. El viejo reloj de pared de mi salón era uno de ellos. Un reloj de péndulo, con su caja de madera oscura y sus números romanos, que había heredado de mis abuelos. Durante años, su tic-tac había acompañado nuestras comidas, nuestras conversaciones, nuestros momentos de alegría y de tristeza.

Pero el tiempo, irónicamente, no pasa en balde para nadie, ni siquiera para los relojes. Hace unas semanas, el viejo reloj dejó de funcionar. Su tic-tac enmudeció, sus manecillas se detuvieron y el péndulo dejó de oscilar. Intenté arreglarlo, pero mis conocimientos de relojería son más bien limitados.

Al principio, pensé en llevarlo a un relojero, pero luego me di cuenta de que quizás era el momento de renovar el viejo reloj. No se trataba de sustituirlo, sino de darle un nuevo aire al salón, de incorporar un elemento que combinara con la decoración actual.

Así que me puse a buscar un nuevo reloj de pared y compro reloj para cambiar el reloj viejo. Visité tiendas de decoración, navegué por internet, comparé modelos, estilos y precios… ¡Hay tanta variedad! Desde relojes minimalistas y modernos hasta relojes clásicos y vintage.

Al final, me decidí por un reloj de pared con un diseño sencillo y elegante, con una esfera grande y fácil de leer y unos números modernos. Es un reloj que combina con el estilo de mi salón y que, a la vez, tiene un toque de personalidad.

Cuando lo colgué en la pared, sentí una mezcla de nostalgia y emoción. El viejo reloj de mis abuelos seguirá teniendo un lugar especial en mi corazón, pero este nuevo reloj marca el comienzo de una nueva etapa. Su tic-tac me acompaña ahora en mis días, recordándome que el tiempo sigue su curso y que hay que disfrutar de cada momento.