Dicen que las crisis son oportunidades y seguro que es así. Supongo que hay que intentar ser positivos a pesar de la situación, aunque hay un montón de personas en el mundo que no tienen muchas ganas de ser positivos. Pero este problema del virus también trae consigo algunos cambios de costumbres bastante curiosos. Es lo que está sucediendo con la compra de alimentos. Muchos nos estamos acostumbrando a hacer la compra a domicilio: y a ver quién vuelve al supermercado después de esto…
Todo empezó después de que mi mujer se plantara: ¡no vuelvo al super! Fue en las primeras semanas de la pandemia que todo el mundo estaba muy tenso en el supermercado porque apenas era lo único que se podía hacer. Y como había que hacer grandes compras la gente quedaba un poco harta. Fue así como probamos a hacer una compra a domicilio. Al principio el sistema estaba saturado. Por supuesto, no éramos ni los primeros ni los segundos que habían tenido esa idea. Pero con el tiempo se ha ido liberando y ya podemos hacer la compra online.
Hacer la compra por internet tiene su gracia. Vas buscando los productos con el dedito y le das al clic. Unos yogures la lechera por aquí, dos o tres bolsas de pan de molde por allá. El coste de la compra va subiendo y subiendo y uno ni se inmuta: ¡venga, al carrito! Es tan sencillo comprar por internet que uno corre el riesgo de llevarse medio supermercado.
Y es que si la aplicación es buena (no todos los supermercados han podido aprovechar esta situación porque no tenían un sistema de compra online adecuado) el consumidor le coge el gusto rápidamente a esto de comprar online. Pero también hay que saber hacerlo. Si yo, por ejemplo, quiero yogures la lechera y no quiero una marca de sustitución hay que seleccionar esa opción porque si no me traerán cualquier otro tipo de yogur. Pero, con todo, es una opción que usará cada vez más gente incluso una vez superada la situación de la crisis sanitaria.