Calibre, bisel, cuarzo, etcétera: el vocabulario que se emplea en las relojerías contiene numerosas voces y tecnicismos que hacen levantar una ceja entre quienes carecen de experiencia en el mundillo. Incluso como consumidores, familiarizarse con esta jerga es doblemente útil: primero, enriquece el conocimiento sobre los relojes y, segundo, permite entender y comunicarse mejor con fabricantes, relojeros y otros profesionales del sector.
Probablemente, el término más repetido en revistas y medios especializados es complicación. Las complicaciones no son otra cosa que funciones extra que se suman a la básica (consultar y ajustar la hora). Pueden ser de diverso tipo: cronómetro, calendario perpetuo, gran sonería, fases lunares, etcétera. Que un reloj presente estas adiciones es un incentivo a la compra, y por ello marcas como Patek Philippe o Vacheron Constantin han diseñado auténticas proezas con decenas de complicaciones.
Al hablar de movimiento, los relojeros se refieren al mecanismo físico del reloj, mientras que con calibre aluden al movimiento específico de un modelo en particular. Por ejemplo, el TAG Heuer Carrera incorpora un calibre 16, que es un movimiento mecánico de carga automática.
En este ámbito, las palabras caja y bisel describen estructuras encargadas de proteger el mecanismo, pero son elementos distintos que no deben emplearse como sinónimos. Mientras que la caja podría definirse como la carcasa externa y contiene la tapa, el cristal o el bisel, esta última pieza consiste en un anillo fijado a la parte superior de aquella, con inscripciones adaptadas al uso del reloj en cuestión (p. ej., el taquímetro en los modelos de aviador).
Otra palabra que abunda en el mundo de la relojería es cuarzo. Se trata de un movimiento popularizado por Seiko que está basado en la energía eléctrica y un oscilador de cuarzo, entre otros componentes. Por tanto, no es un material, como pueda pensarse. En cambio, sí lo es el Oystersteel, una superaleación de acero que los clientes de Rolex conocen bien.